Comparte el artículo La mañana del 17: En la madrugada del 17 de octubre de 1945 Arturo despertó antes ...
En la madrugada del 17 de octubre de 1945 Arturo despertó antes del amanecer. Fue al comedor donde un peón atizaba el fuego en la estufa. La primavera sigue siendo fría en el campo a cien kilómetros al sur de la ciudad de Buenos Aires.
Del comedor Arturo pasó a la cocina, allí la joven ayudante hizo una breve reverencia y saludó “buen día, Arturito”. Desde el patio trayendo grandes tachos de leche en un sulky un joven gritó “buen día, Arturito”.
Con veintiséis años Arturo, hijo de los dueños de la estancia, seguía siendo “Arturito” para el personal. Él simpatizaba con los empleados y favorecía ese trato que – según le decían los amigos y parientes – socavaba la autoridad patronal.
Al volver Arturo al comedor ya estaban allí sus padres, Eduardo y Teófila. La mamá habló irritada:
– Arturito, me tengo que enterar por la peonada, que vos te vas a Buenos Aires en coche. Y te vas solo, sin chofer. ¿Por qué no te vas en tren? Te pueden acercar en el sulky a la estación y en dos horas estarás en Constitución. Resulta que los argentinos tenemos los trenes más puntuales del mundo, y vos querés cansarte y apeligrar viajando en coche.
– ¿Trenes argentinos? – Terció don Eduardo – Ingleses, habrás querido decir, son trenes ingleses en la Argentina. El día en que los ferrocarriles sean realmente argentinos, van a salir y llegar a la hora que les de la gana.
Arturo explicó la necesidad de ir en automóvil a la Capital Federal. En Buenos Aires debía hacer muchos trámites y no le alcanzaría el tiempo si debiera movilizarse en tranvía, subterráneo y taxímetros.
La madre insistió:
– La radio está diciendo, de los obreros del frigorífico de Avellaneda. Quieren ir a Plaza de Mayo por ese tema, del Coronel Perón que está preso. Pueden levantar el puente del Riachuelo, y entonces, ¿cómo podrás llegar a Buenos Aires en el auto? ¿Y si hay disturbios?
– No pasa nada, mamá. – La calmó Arturo – Eso de Perón es un problema entre los milicos y lo arregarán entre ellos. Los obreros no cuentan en esa pulseada. ¡Bah! Los caudillos conservadores amigos de Perón llevarán a algunos obreros hasta el centro de Buenos Aires pensando que están haciendo la Marcha sobre Roma. Donde hagan lío los milicos tirarán cuatro tiros al aire y los obreros volverán a las casas.
Doña Teófila no se rendía:
– ¡Arturito! Ese Perón es un peligro, solivianta a la gente, es comunista.
– No, mamá, no es comunista. – Explicó Arturo – Al revés, en todo caso será facista, pero facista a la argentina, facista aguado como leche adulterada. Vos sabés, mamá, yo hablé varias veces con Perón. Y siempre te lo digo, una cosa es lo que Perón le dice a la negrada, otra cuando habla con los sindicalistas y otra también diferente al conversar con gente decente. Perón es católico, anticomunista acérrimo y fundamentalmente un honorable Coronel del Ejército Argentino. La guerra mundial terminó, los comunistas y anarquistas van querer otra vez incordiar a los trabajadores. Sólo un tipo como Perón puede parar a esos socialistas y ácratas ateos.
Doña Teófila no quedó tranquila. No obstante decidió cambiar de tema. Claro, también para fustigar al hijo:
– Arturito, si te vas a Buenos Aires en auto, es para invitar a pasear a esa chica judía que te mandó un montón de cartitas vía aérea desde Europa y justamente ahora está de vuelta. Por favor, apiadáte de madre, no me digas que te vas a casar con un judía.
Arturo rió divertido, respondiendo:
– Mamá, “esa chica judía” se llama Débora, es una buena amiga, de buena familia. El papá de Débora que es un importante hombre de negocios. Apenas se enteró de la terminación de la guerra en Europa fue allá para asegurar la venta de los productos argentinos del campo. Débora acompañó al papá. ¿Qué querés que haga una mujer joven en medio de un continente en ruinas? Se dedicó a mandar cartas a todos los amigos. Eso es todo.
Doña Teófila habló como para sus adentros:
– Y bueno. Si es de buena familia y el papá es un adinerado hombre de negocios, que se yo … Ya es hora de que te cases, Arturito, tenés veintiséis años. Si la muchacha te gusta, bueno, al menos en algo no tendrás problemas, dicen que las judías son las mejores … las mejores en eso … bueno, son las mejores en la cama. Así no andarás chineando, como tantos de tus amigos casados.
Don Eduardo miró sobresaltado a su esposa:
– ¡Teófila! ¿Vos que sabés de eso?
La mujer simuló enojo:
– Tenés que recordar, Eduardo, que yo me pasé la vida haciendo obras de caridad, dando albergue a mujeres de la vida, ayudándolas volver a Dios. Por supuesto, pasé días enteros hablando con ellas. Te aseguro, Eduardo, yo sé cosas, vi cosas, hice cosas, que vos, ¡tan gallito que te creés!, ni te imaginás.
Arturo puso ojos de pensar y habló:
– Mamá, yo le hablé a Perón de vos, quiere conocerte. Cuando él sea Presidente de la Nación tendrá personas como vos, capaces de ayudar a los más desposeídos. Perón sólo pretende evitar que vengan los comunistas y piensa que lo mejor es darle una mano a pobrerío, así no caerán en las garras de esos forajidos sin dios, ni patria, ni bandera.
Doña Teófila miró al hijo con la mirada de quién a visto al diablo:
--¿Yo con Perón? No, no, Arturito, antes de cambiar una palabra con Perón, prefiero mil veces que vos te cases con una judía y que yo tenga nietos narigones.
Después del desayuno Arturo subió al automóvil. De ese viaje Arturo diría más adelante: “Al pasar el puente sobre el Riachuelo vi soldados custodiando. En el centro de Buenos Aires todo estaba normal, salvo algunos cabecitas negras mirando con curiosidad las vidrieras, mientras la gente miraba con curiosidad a los cabecitas negras.”
Tras gestiones en bancos y aseguradoras, visitar al contador y al abogado, Arturo se encontró con Débora en la confitería El Molino, en la esquina de Avenida de Mayo y Callao, frente al edificio del Congreso Nacional. Hablaron del viaje a Europa y concluyeron platicando sobre la realidad argentina. Débora dijo:
– Quedáte tranquilo, gobiernen los radicales, los conservadores o Perón, siempre necesitarán de las vacas gordas y del trigo que produce tu familia, y también necesitarán de tipos como mi viejo que les hagan los negocios en Europa. Porque los gobernantes, sean quienes fueren, si hay algo que nunca sabrán hacer, es producir y vender lo producido. ¿Y el pobrerío? Me da la impresión que Perón sabe bien como manejarlos, para provecho de todos.
Arturo pensó: “Rebeca es una tipa hermosa, elegante y fundamentalmente tiene ideas muy claras. No sería tan mala idea hacer que mi mamá tenga nietos narigones.”
| February 2012 | ||||||||||
| M | T | W | T | F | S | S | ||||
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||||||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | ||||
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | ||||
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | ||||
| 27 | 28 | 29 | ||||||||
|
||||||||||
Últimos Comentarios