Sunday 3 january 2010 7 03 /01 /Ene /2010 16:51
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La visita

 

 

Escrito por Norma Tesy Wernicke


© by Norma Tesy Wernicke y www.tesywernicke.com

Prohibida su reproducción total o parcial, por cualquier medio,conforme a las normas del Derecho de la Propiedad Intelectual de la Argentina y los Tratados Internacionales suscriptos por la República Argentina.

 

 

          El día anterior a la invitación estaba expectante de la llamada. Sin embargo, cuando sonó el teléfono, me sobresalté. Asimismo, a pesar de haber concordado con ellos el horario de la visita, también tuvo

escalofríos cuando tocaron el timbre. En verdad, la llegada de ellos la veía venir, sin saber como impedirlo.

           Ellos vestían elegantes, se comportaban con amabilidad, pero con firmeza. Sostenían en los rostros un rictus parecido a una sonrisa, y sólo conseguían producirme un sentimiento el miedo, y dolor.

           – A partir de ahora – dijeron – usted será una de las treinta mil privilegiadas. La llevaremos a un lugar donde le haremos ciertas preguntas. Será mucho mejor si responde, tenemos métodos, instrumentos, y personal competente.

           Yo, como buena anfitriona, había preparado una mesa con un lunch, digamos, digno de personas comoellos. Así se los recordé, pero, con una sonrisa falaz, contestaron:

           --  La invitada será usted, ¡no sabe que lunch la espera!

           Sin prestar mucha atención, pregunté incrédula:

           – ¿Treinta mil invitados? ¿Dónde será la fiesta? ¿Cómo podrán atender tanta gente?

           Como respuesta, rieron con ganas, y agregaron:

           – Y es muy probable que sean más de treinta mil ...

           – ¡No lo puedo creer! – Contesté con vos infantil. No obstante mis dudas, sería verdad.

           No me llevaron a mí sola, también fue invitado mi esposo, que, sin saber quienes estaban en casa, llegó feliz, porque en la mañana se había enterado que estábamos esperando nuestro primer hijo.

           -- ¡Felicitaciones! – Dijeron los invitados, añadiendo:

           --  Irán los tres.

           Y salimos de la casa. Aún hoy no lo recuerdo con exactitud, creo haber dejado encendido el horno, estaba calentando un budín. Después de mucho tiempo, me enteré que aproximadamente a las dos horas de haber salido, todo el edificio, por una inexplicable explosión, voló, con habitantes incluidos.

           Pasamos la puerta de salida del edificio. La calle estaba envuelta en una bruma notablemente densa. No podía ver más allá de un par de metros, lo que llamó mi atención, porque apenas hacía tres días había comenzado el otoño. No era el clima propio de esa época del año.

           Ellos no nos dejaron ni un segundo solos. Pero el aspecto de mayor interés fue otro. Porque a medida que veían personas caminando por las calles los llevaban con ellos, y con nosotros, como si estuvieran reclutando una fuerza especial.

           -- Son parte de los invitados. – Dijeron al observarme la cara incrédula.

           No recuerdo cuanto tiempo, ni la distancia que caminamos. Sí, recuerdo haber advertido la evidencia del número: éramos treinta mil personas. Surgía gente de todos lados y caminábamos apiñados. En algún momento perdí de vista a mis anfitriones, pero yo sabía que estaban con nosotros, que nos cuidaban bien, escuché cuando reclamaron un mayor esmero conmigo porque estaba embarazada, que se ocuparan de mí y del niño por nacer.

           Si bien los hechos ocurridos en la calle fueron sorprendentes, mucho más imprevisto fue el lugar donde llegamos. Esperaba encontrar mesas servidas, manteles blancos resaltando con las muchas luces, y una gran orquesta popular. No fue así. Encontramos un predio infinitamente grande, una inmensa oscuridad y un silencio glacial. A partir de ese día todo sería diferente.

           Di vuelta la cara cuando escuché a un diminuta mujer preguntar el nombre de uno los señores que había venido a mi casa a buscarnos. El mismo señor respondió:

          --  Rafael. – Y le dijo también a la pequeña mujer:

           – Y usted se llama María Isabel, pero su nombre artístico es María Estela. Caramba, que casualidad, conocí a su fallecido esposo, le gustaban mucho las artistas de cine y las bailarinas de cabaret.

           El hombre llamado Rafael poseía un negro bigote, recordándome al personaje de una película de guerra, en el film aparecía un dictador aparentemente austríaco o alemán. El amable señor del bigote negro se le parecía mucho físicamente a ese personaje.

           Rafael se retiró del lugar, dejándonos en custodia de unos guardias.

           De pronto, todos los que estábamos allí, los treinta mil, escuchamos gritos de terror, como si estuvieran usando un instrumento de tortura.

           Algunas personas suelen ser bastante exageradas para una fiesta.

 

 

Escrito en la madrugada del 25 de marzo de 2008

Por Norberto Tesy Wernicke - Publicado en: Literatura. Relatos de ficción para todo público
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Perfil

  • Norberto Tesy Wernicke
  • El sitio en la web de Aida y Norberto
  • Hombre
  • Argentina Misiones Posadas (nordeste argentino)
  • Algo de loco también. algo de niños tenemos un poco
  • De profesión, soy abogado, tasador. De vocación, soy escritor y - según dicen mi familia y mis amigos - ermitaño. Tengo 64 años, mi esposa se llama Aida Zunilda Bogado, y mis hijos Alberto y Daniel. Soy feliz. ¿Que más quiero?
  • 8/12/1946
  • Casado/Pacsado/Unión libre

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